A simple vista no la reconoció parecía otra persona, con un rostro distinto y con un cuerpo ajeno a su deseo de otro tiempo. Al llegar hasta donde pudo hablarle terminó de reconocerla de espaldas. La tomó del brazo haciéndola girar para vulnerar su voluntad que a él le pareció hasta aérea: un arranque en slow motion sobre restos de un tiempo de arrebatos sin ternura, de desconsideración y obscenidad mientras la cámara filmaba.
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“¡Catherine, hi!”. No se le ocurrió nada más ni tampoco se había propuesto ensayar qué decir, aunque había fantaseado muchas veces encontrarla en circunstancias que apremiaran una reconciliación con puntos a favor de él.
Catherine dejo conducirse y al terminar el giro todavía con una sonrisa dulce, de frente a quien ella jamás supuso, cambió la simpatía improvisada por un rictus empedrado.
—Cathy, how could I know I'd find you here? Look at you. Gosh!—. Sonreía conjeturando que “True” de Spendo Ballet era la señal para un acuerdo inmediato que el silencio firmaría. Alterado por el efecto del torrente sanguíneo, que tocaba con nudillos por dentro de su pecho, esperó.
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—You… son of a bitch! — asestó Catherine con voz ácida al inicio, gutural hacia el final. Dentro de su boca junto toda la saliva endulcorada con vino y produjo la potente explosión de un escupitajo certero a la boca de él, que, al escurrirle por los labios, lamió avergonzado. Estaba convencido de que había de mezclar el resto de saliva con un largo sorbo de cerveza. En la tragantada, detrás del fondo del tarro, Catherine diluida por el vidrio, descargaba de sus hombros un rencor empolvado para empezarlo a perdonar.
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