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Des _ _ _ _ _ _ _

Cuando fui niño, solo conocí la mitad de mi vida. No conocí a mis otros hermanos ni compartí el amor de nuestro padre ni advertimos juntos el parecido físico, ese desdoblamiento parcial de uno mismo en otro cuerpo. Hoy vivo al borde de la medianía como padre sin mi hija, entre la presencia y la ausencia, entre el rigor y la blandura.

Cuando fui niño, me avergonzó preguntar más de una vez a mamá lo que durante años fue su decisión hasta que en su vejez cuando se convirtió en confesión y vi la soledad de sus pasos. Un día me ayudó a desatar de mi espalda el cadáver con el que caminé durante mis años.


Entre madre y yo lo limpiamos, le arreglamos su cabello y lo vestimos con la misma ropa blanca que tanto odió el día de su primera comunión. Lo metimos en su caja y le cruzamos las manos para que agarrara su último regalo de Reyes Magos: el Storm Shadow junto con la foto en blanco y negro donde tiene un año, sentado en la arena junto a sus papás en Acapulco. 


Lo enterramos en el baldío detrás de la casa, donde aprendió a andar en bicicleta.

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