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C _ _ va _ _ cencia

Cuando estuve enfermo, el primer día, antes de empeorar, un disco intentó salvarme. Era el último de una banda que, de manera voluntaria, había olvidado, pero sin desprecio. Me parecía que ya no tenía la edad para escuchar su música. Me había decidido por otras bandas y géneros. No quería que la banda me dijera las cosas que le dicen a los de quince años. Creo que esta idea, como muchas otras, contribuyó a alejarme de The Strokes, aunque con nostalgia por los tiempos de hace veinte años de "Is This It".

El primer día de mi prueba positiva del virus SARS-CoV-2, antes de sentirme mal y sin calcular lo que vendría, me encerré en la habitación y escuché por primera vez "The New Abnormal". Me llenó de energía, tanto que escribí durante los primeros dos días. Después vino la caída dentro de la enfermedad del COVID-19.

Hoy me gusta escuchar "The New Abnormal" con unos buenos audífonos. Siempre me recordará el eterno verano en el delirio de la fiebre. El disco esperó a que mi cuerpo y mis sentidos sanaran para poder apreciar su calma, la del punto de maduración de los chicos de Nueva York. La enfermedad me llevó para enseñarme que hay mucha música de amaneceres que están por delante.

Agradezco que estuviste siempre al pendiente de mí. Aprecio tu compañía virtual cuando estaba hecho un desastre entre lodo que humeaba y, llegado el tiempo ser materia, otra vez.


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