Desperté de una pesadilla. Era una casa y través de una ventana observaba a personas afuera, esperándome. Todos muy enojados, uno empuñaba un arma mientras profería amenazas. Más allá, divisé un campo de maíz sin sembrar, atravesado por una figura que no logré distinguir claramente; tal vez era una flecha apuntando hacia la casa.
— Este sueño parece cargar con mucho simbolismo.
— Sí. Anoche, antes de dormir, solo estuve viendo noticias. No veo una conexión aparente. Luego tomé los medicamentos. Volvió la tos, la sudoración y el dolor muscular.
— ¿Cómo estaban tus niveles de oxigenación ayer?
— Ochenta y algo.
Floto en la playa de un mar oscuro. La marea me acerca y me aleja de las luces titilantes.