'¡Hey chicos, muevan las piernas! Tal vez ya estoy loco —a lo mejor ya lo hiciste, ya avanzaste. Anduviste movido todo el día —Tic-tac, tic-tac Tick-tock, tick-tock… Ollie, ollie, ollie, ollie.'
Las líricas de los grupos del rock independiente de los noventa fue
un torito para quienes traducíamos esas canciones con un diccionario. Pensábamos
hallar un mensaje claro, hasta bobo, como el del pop en español.
Sin embargo, también necesitábamos un compendio de psiquiatría
para desencriptar los mensajes. Aun así, cómo entenderlas si de lunes a sábado
ponían al Chavo del 8 más las telenovelas y para la trepanación completa: Siempre
en Domingo.
En realidad, sólo faltaba apagar la TV y regresar a la
libreta de apuntes y escuchar el ladrido de la angustia, sentir la lluvia ácida
sobre la creatividad más pura y ver la esquizofrenia conjugando los tiempos verbales.
Ahora, ellos y nosotros; muertos y envejecidos
respectivamente, podemos asistir a la fragmentación de sus letras dispuestas
como un guion para la película de nuestra última niñez en medio de crisis
económicas, alienación televisiva y castración educativa.
Esa música fue para nosotros el mecanismo de defensa cuando
ya éramos arrinconados, pero resistimos y aprendimos a vivir con el síntoma,
porque no todos los días se despierta uno con el ardor que deja en las vísceras
la dosis de heroína. 'Hay días que el sol lo baña a uno y su cura oscura como
rosas y fina arena, nos hace reír y salva el alma —otra vez— con su aguijón'.