1991 en la tienda de discos de la terminal de autobuses, Matilde le pregunta al vendedor si ya tiene el caset original de “lusinmaireliyon”, él no contesta, con actitud inflamada, lo baja de su lugar y lo pone sobre la vitrina.
—$24,000, Made in Germany, apenas me llegó.
Ella tiene ganas de llorar y de robarlo. El deseo de comprarlo se enfrentará durante un mes (a partir de que el vendedor vuelve a acomodarlo) a desengrasar y engrasar piezas motoras, traer y llevar herramientas, limpiar y ensuciar estantes, distinguir lo que es basura de «tesoros» de acuerdo a su tío Rosendo: cables, fusibles o relés para reparar el sistema eléctrico de algún Topaz 85. Esto, además de no gastar los $500 que su papá le da para la secundaria.
Esto último no será necesario porque los clientes del taller se enternecen de que la niña estudie y trabaje en un taller mecánico andando toda sucia, así que terminan dándole propinas por ser tan “movida”, "chambeadora" o “atenta”. El tío autoriza las propinas: «Acéptalo hija. ¿Qué se dice?»
El día se adelanta, Matilde junta los billetes y las monedas. Su prima la ve contando el dinero y le pregunta para qué lo quiere. «Acompáñame a la terminal, ahí te digo». Al llegar a la tienda, ambas se entretienen mirando discos «¡oh! ya tienen el de… están todos lo de... acá está el de… Mati mira, otra vez el chavo raro, allá en la esquina, ¡chin!, nos está viendo». Matilde, no hace caso, ella mira de reojo que detrás del vendedor sigue estando el "Out of Time" de R.E.M., con su heráldica con fondo de amarillo caramelo ante el mar.
—Buenas tardes, me puede dar el caset de “lusinmaireliyon” —Lo dice ocultando el orgullo nervioso acumulado durante los días. El vendedor se gira de su asiento para alcanzarlo y ponerlo sobre el vidrio de la vitrina. Matilde saca de su bolsito el dinero, desdobla $20 000 en billetes y coloca una torrecita de $4 000 en monedas que se derrumba.
—Gracias —Las dos salen de la tienda. Matilde se lleva el caset al pecho y sonríe de oreja a oreja, parece que va a gritar, pero su prima le reclama con hartazgo suave por qué mejor no compró el “Flor de papel” de Alejandra Guzmán.
—¡Estás bien pendeja! — Le responde con la benevolencia violenta de los hombres, algo que aprendió en el taller en menos de un mes.
🪛